• María José Escobar Luna

José Juan Tablada



Uno de los contribuidores a la lírica moderna mexicana a principios del siglo XX fue José Juan Tablada, periodista y escritor que nació en la Ciudad de México en 1871 y murió en Nueva York durante el año de 1945. Fue autor de obras en prosa y en verso, encontramos sus inicios como escritor alrededor de 1890 con diversas colaboraciones como periodista en El Universal; ya en sus escritos ahí publicados eran notorios algunos intereses que lo acompañarían a lo largo de su trayectoria, por ejemplo, las estampas e impresiones de la vida en México, el arte japonés, así como los asuntos de corte internacional, todo plasmado en numerosos textos entre los que destacan Hiroshigue, el pintor de la nieve y de la lluvia, de la noches y de la luna (1914), La resurrección de los ídolos (1924), Historia del arte en México (1927) y La feria de la vida (1937) ¾la primera parte de sus dos libros de memorias¾ (ELEM).


Su obra se puede dividir en dos etapas: la primera se adscribe al movimiento modernista de finales del siglo XIX mientras que la segunda se encuentra más cercana a las formas vanguardistas. Durante su etapa más joven, cuando ya gozaba de cierto prestigio, en 1898 se vio envuelto en una polémica tras la publicación de su poema “Misa negra” en El País (que después fue parte de El florilegio en 1904); aquí encontramos dejes de claroscuros, de contrastes a un nivel visual, de inmediato se distingue la plasticidad que acompañará a Tablada a lo largo de su obra; su interés en el arte visual puede notarse desde el inicio de su carrera (Hernández Palacios, 1991), como se puede observar en las siguientes estrofas:


Y allá en el lecho do reposa
tu cuerpo blanco, reverbera
como custodia esplendorosa
tu desatada cabellera.
Toma el aspecto triste y frío
de la enlutada religiosa
y con el traje más sombrío
viste tu carne voluptuosa.

Para ese entonces, la publicación de este poema fue un gesto audaz por parte de Tablada, por lo que fue considerado un escándalo; en el corpus se encuentran erotismo y religiosidad en un mismo plano, una combinación de tono sacrílego para la época. El joven Tablada estaba influenciado por la filosofía decadentista en una sociedad claramente conservadora (no hay que olvidar que también era admirador de Baudelaire), por lo que también significó una ruptura no sólo en su propia producción literaria, sino en la de sus contemporáneos, algo que lo comprueba es la creación de la Revista moderna, de cuyas publicaciones salieron algunos poemas que formaron parte de su poemario El florilegio (1904), de corte modernista.


Ya se han advertido sus intereses por algunas culturas asiáticas, esto lo podemos ver reflejado en dos de sus obras más importantes dentro de la segunda etapa de su carrera poética: Un día… (poemas sintéticos) (1919) y Li-po y otros poemas (1920); el primero, en cuyas líneas estéticas se destaca la influencia de la poesía japonesa que conoció a través de traducciones al inglés y francés, tuvo la intención de emular el haiku, de cuya forma poética resultó el haikai, una forma sintetizada y en español con algunas cercanías al haikú, por lo que termina por crear algo nuevo (Page, 1992). Los alcances e influencia que se notan en esta obra pertenecen, esencialmente, al poeta japonés Matsuo Basho.


Según algunas anotaciones críticas (Pascucci, 2014) los poemas que conforman esta publicación se adscriben a lo que ya estaba haciendo la vanguardia; su estancia en París y Nueva York en años anteriores le proporcionaron el acercamiento a diversos ismos como el cubismo y el futurismo. Entre algunas de las características estéticas que encontramos se destacan la sencillez y lo sintético, así como el acto contemplativo (Mercado, 2008). En Un día… (poemas sintéticos) los poemas tienen título —práctica que no es necesariamente obligatoria en este tipo de expresiones—, se utiliza la rima española y hay flexibilidad métrica respecto al modelo japonés (Pérez Reyes, 2020). Para ejemplificar: en “El sauz”, uno de los poemas más celebrados, además de que se cumple con lo antes propuesto, encontramos que el instante se revela por medio de la imagen y la palabra, por lo que se puntualiza una vez más el carácter visual de su poesía:


Tierno sauz,
Casi oro, casi ámbar
Casi luz

Aunque el haikú tradicional consta de tres versos de 5-7-5 sílabas, aquí vemos libertad silábica; además, por medio de la anáfora la rima se nutre de elementos cacofónicos; el instante es de cualidad temporal, “casi oro, casi ámbar / casi luz” nos revela el paso del tiempo, va de lo sólido a lo transparente y, finalmente, a lo inasible.


En Li-Po y otros poemas, —nombre dado a partir del poeta chino Li Po (701-762)—, el poema que da nombre al poemario se basa en la reinterpretación al español del ideograma sino-japonés en el cual se inscriben unos versos sobre líneas blancas (Pascucci, 2014).

En las formas ideográficas del resto de poemas, se encuentran paralelismos con los caligramas de Apollinaire, en el sentido en el que lo escrito en el texto representa una imagen —aunque Tablada se encargó de negar esta asociación—. En el siguiente poema es evidente, al igual que en el otro poemario, la relación palabra/imagen:


La luna es araña
de plata
que tiende su telaraña
en el río que la retrata

En este caso, la luna es comparada con una araña a la vez que su telaraña es el reflejo en el río nocturno; al igual que “El sauz”, se trata de una imagen concreta. La luna es una constante en los versos del poemario por ser algo que se relaciona con Li-Po y con su muerte (Ai, 2018), en este caso, se trata de su reflejo en el agua.


En conclusión, en la poética de Tablada se destacan la experimentación y las innovaciones, no hay duda de que sus propuestas influyeron en la apertura de distintas perspectivas que estarían en constante renovación en la lírica mexicana del siglo XX (ELEM); sus valores estéticos persistieron en la poesía que desarrollaron los autores en los años venideros.

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