• Jesús Alberto Ramírez González

Estridentes y urbanos


Detalle de la portada de la revista Irradiador, número 3. Letras que dicen "Irradiador, estridencial, es necesario contra la momiasnocracia nacional..."
Irradiador, número 3. guacho22. CC BY-NC 4.0

El estridentismo fue un movimiento de vanguardia que surgió a finales de diciembre de 1921 con la aparición del manifiesto Anual No. 1 redactado por Manuel Maples Arce. La aparición de este movimiento de vanguardia se produjo en un momento histórico complejo, pues hubieron varios acontecimientos históricos que influyeron en su creación. En esos años México recién salía de la revolución, de hecho, estaba en fase la “constructiva” del país (Escalante, 2012). Es decir que, tras el enfrentamiento armado, el país requería construir una nueva cultura que reflejara su identidad nacional integrada a la modernidad. Por otra parte, el siglo XX en occidente inició con la aparición de las vanguardias artísticas, las cuales buscaban romper con las preceptivas tradicionales del arte, para así renovarlo por medio de nuevas formas y estilos que reflejaran una nueva sensibilidad moderna que respondiera a los cambios urbanos e industriales. Estas vanguardias no sólo fueron artísticas, además varias de ellas buscaron cambios políticos pues intentaron subvertir las estructuras sociales dominantes (Mora, 2000).


Es así que el estridentismo, impulsado por el contexto cercano de la Revolución Mexicana, y con el influjo de las vanguardias, apareció como la vanguardia mexicana con la intención de romper con el modernismo literario y las formas de arte tradicionales; además, se caracterizaba por una actitud social irreverente y de reivindicación obrera (Mora, 2000). La actitud del estridentismo, como explica Manuel Maples Arce en su Actual No. 1, era ecléctica, pues tomaba algo de cada vanguardia para adaptarlo al contexto mexicano y así construir la identidad del movimiento, el cual se distinguía de las otras vanguardias por su carácter actualista, es decir, de exaltación del presente (Escalante, 2012).


Asimismo, la vanguardia estridentista se caracterizó por ser aglutinante. Entre los integrantes del movimiento se encontraban escritores, pintores, grabadores, escultores, dramaturgos, fotógrafos y músicos (Escalante, 2012). Algunos de los más relevantes fueron: el poeta Manuel Maples Arce (1900-1981), del cual sus obras estridentistas más importantes fueron: Andamios interiores (1922), Vrbe. Súper-poema bolchevique en 5 cantos (1924), Poemas interdictos (1927), Antología de la poesía mexicana moderna (1940); el poeta Salvador Gallardo Dávalos (1893-1981), y sus obras estridentistas fueron: El pentagrama eléctrico (1929); el escritor Germán List Arzubide (1898-1998), del cual sus obras estridentistas fueron: Esquina (1924), ¡Mueran los gachupines! Relatos históricos del vivir contemporáneo (1925), Viajero en el vórtice (1927), Opiniones sobre el libro El movimiento estridentista (1928), Poemas estridentistas (1986), El movimiento estridentista (1987); el escritor, Arqueles Vela (1899-1977) y sus obras más relevantes fueron: La señorita Etcétera (1922), El café de nadie y Un crimen provisional (1926), El viaje redondo (1929); el poeta Luis Quintanilla (1900-1980), y sus obras estridentistas fueron: Avión, 1917. Poemas, 1923 (1923), Radio. Poema inalámbrico en trece mensajes (1924).


Otros de los integrantes del estridentismo fueron, además, los pintores Fermín Revueltas, Ramón Alva de la Canal, Fernando Leal, Jean Charlot, David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera; el compositor Silvestre Revueltas; el caricaturista y promotor de las vanguardias Marius de Zayas; el escultor Germán Cueto; el grabador Leopoldo Méndez; y los fotógrafos Tina Modotti y Edward Weston.


Retomando los influjos de las otras vanguardias, el estridentismo tuvo su propio lugar de encuentro, en donde los integrantes discutían acerca del movimiento, además de realizar exposiciones, tertulias y veladas artístico-literarias, a la manera del Cabaret de Voltaire de los dadaístas; este lugar era el Café de nadie. Incluso, es especialmente recordada la velada de 12 de abril de 1924, donde se habló sobre la diversidad estética y cosmopolita del estridentismo, se realizaron lecturas de poemas en voz alta, un concierto de música estridentista, se presentaron cuadros y máscaras de influjo prehispánico y se expusieron fotografías acerca del fenómeno industrial (Luengo, 2017).


Ahora bien, aunque el movimiento estridentista se desarrolló durante sus primeros años en la capital de México, su carácter no fue centralista, pues su actividad también se desplegó en otros estados de la república (Luengo, 2017). Prueba de ello son la revista Irradiador, de la cual se publicaron tres números durante 1923, en las que hubo colaboraciones de otros artistas no sólo de Latinoamérica, sino también de Europa (Frank, 2020); y la revista Horizonte, publicada durante los años 1926-1927 en Xalapa, Veracruz, donde además de presentar contenido artístico, también se publicaban artículos sobre agricultura e industria. De hecho, durante estos últimos años del estridentismo, la actividad política progresista del movimiento se acentúo (Mora, 2000).


El movimiento estridentista buscaba una renovación radical artística, política y social. Incluso, muchos de sus participantes realizaron, durante o después de finalizado el estridentismo, activismo de izquierda. Pues el estridentismo criticaba las manifestaciones culturales elitistas y conservadoras del Porfiriato que seguían perviviendo aún después de la revolución; consideraba, como el muralismo mexicano, con el cual tenía un vínculo artístico e ideológico, al movimiento obrero un factor importante para lograr el cambio moderno de libertad y justicia social.


Las características estéticas del estridentismo fueron principalmente la ciudad como leit motive: a través de ella se exaltaba el mundo moderno, las máquinas, las fábricas, los muelles y los transatlánticos; también el cosmopolitismo (Martínez, 2018). De la misma manera, se buscaba plasmar una nueva sensibilidad acerca de lo urbano, por tanto, recurrieron a la yuxtaposición de imágenes, al uso de números, abreviaturas, extranjerismos y neologismos, a la coloquialidad, al simultaneísmo, al uso de metáforas y a la fragmentación de la sintaxis tanto en la narrativa como en la poesía, en la cual, además experimentaron con variaciones en las formas métricas tradicionales. De la misma manera, combinaron los textos con el arte gráfico; incluso, en los poemas se pueden apreciar los caligramas y juegos tipográficos con los que pretendían hacer la poesía más visual.


Hay que aclarar que la postura estridentista hacia la modernidad era percibida por los integrantes del movimiento de manera ambigua, algunos la recibían con entusiasmo y otros con temor (Jalife, 2021). De ahí que las obras expresaran una reflexión intuitiva hacia la vida moderna a partir de la subjetividad. Se buscaba una equivalencia de imágenes que pudiera expresar la complejidad de las relaciones que se establecían entre el mundo exterior y el mundo interior, descartando con ello la descripción, la anécdota y la perspectiva plástica tradicionalista (Jalife, 2021). Es así que este arte de vanguardia demandaba la participación activa del espectador, quien debía recrear la imagen poética desarrollada en las obras.


Finalmente, el estridentismo, en su búsqueda por experimentar la modernidad a través de lo urbano, marcó una ruptura con las formas poéticas tradicionales, lo que impactó en la creación de la poesía del siglo XX que le sucedió. Pues planteó, experimentó y renovó el terreno estético con nuevas formas tanto retóricas como artísticas, en donde confluían diversas manifestaciones artísticas que expresaban una nueva sensibilidad moderna, compleja y profunda.

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