top of page
  • Damaris de Jesús Padrón Ojeda

La ramada yucateca


imAgInadigital by Mauricio del Olmo. CC BY-SA 4.0

En Yucatán, durante las épocas decembrinas, existe algo llamado la ramada yucateca, esto hace referencia a un cántico que realizan niños y niñas entre el primero y el quince de diciembre en el estado para conseguir su gastada de navidad o para ayudar a hacer la posada.


Este es un fenómeno que en su momento me divertía, pero que ahora como adulta me sorprende al conocer sus orígenes, ya que está tradición yucateca, aseguran algunos, es de origen veracruzano y que, al igual que muchas tradiciones mexicanas, tiene una connotación religiosa. Si indagamos más en artículos de internet encontraremos las diversas variaciones de nombre de esta tradición (debido a que el resto de los estados la conoce como la rama) y ligeras modificaciones en las letras.


Las ramadas surgieron en el siglo XVI cuando los frailes estaban evangelizando a los mayas, en el cántico que realizan los niños se aborda el pasaje de la Biblia en el que María y José peregrinan para encontrar el lugar donde nacerá Jesús. La rama también se realiza en Veracruz, Tabasco, Oaxaca, Campeche y Quintana Roo, con fechas que varían tanto en el inicio, como en el final (Cámara, 2021).


Otra cosa que me parece interesante ahora que soy mayor es ver cómo esta tradición varía de un estado a otro, ejemplo de ello es que en la página del gobierno de México la describen de forma un poco diferente a como yo la conozco y la realizaba:


Esta tradición consiste en que debe tomarse una rama que se haya caído de un árbol que debe ser sencilla y fácil de cargar, pues esta rama se adornará con farolillos, esferas, cadenas de papel, escarcha de colores, mechones de papel cortado, o cualquier otro tipo de decoración vistosa y alegre, con ello los niños la llevarán de casa en casa cantando coplas y cantos alusivos a la navidad, esperando que aquellos que gocen escuchando sus rimas les regalen dulces, aguinaldos, frutas, etcétera. (Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera, 2020)

Cuando yo era pequeña algo que me emocionaba de las navidades era salir con mi hermano y todos los niños de la colonia a cantar la ramada, los preparativos eran igual de emocionantes que salir a cantar.


Con días de anticipación debíamos conseguir una rama adornada con globos, una caja de zapatos, adornarla con papel de regalo que simularan los ladrillos de una chimenea y poner una foto de los santos (del nacimiento, de la Virgen de Guadalupe y una cruz), junto a una veladora y la alcancía donde los vecinos nos pondrían el dinero, todo lo anterior solíamos dividirlo entre los vecinos que salíamos a cantar.


Algo interesante es que mientras más fuerte cantabas y más adornado estuviera todo más dinero conseguías. Al salir a cantar de puerta en puerta realizabas un cántico que comenzaba así: ‘‘Me paro en la puerta, me quito el sombrero porque en esta casa vive un caballero, vive un caballero vive un general, si nos da permiso para comenzar’’.


La canción duraba más estrofas y si lograbas que te abrieran la puerta cantabas una canción agradeciendo, pero si eras rechazado cantabas una canción sobre la decepción que sentías; esta canción también es considerada como una burla para las personas que no abren la puerta.


Otra cosa que recuerdo es que existían pequeñas carreritas entre estos pequeños grupos, ya que si tu veías una casa desocupada debías llegar antes que el otro grupo de niños para que a ti te den el dinero antes.


Mi mamá era la que nos llevaba de casa en casa a todos los niños de nuestra cuadra y después de conseguir dinero suficiente para todos regresábamos a mi casa para dividirnos el dinero en partes iguales y que cada uno pudiera gastar en los dulces que más le gustaban.


Poco a poco esta tradición la fueron adaptando algunos vecinos en mi colonia, pues salían en procesión vestidos de personajes navideños a cantar y bailar para toda la colonia, esto con fin de conseguir dinero para la fiesta de navidad y tener un baile en grande al cerrar la calle.


En aquel entonces los niños que salían a cantar eran tantos que tenían algunas personas que apagar su luz para que creyeran que no estaban y evitar dar un peso a cada grupo de niños que se parará en su puerta, conforme fui creciendo deje de salir, pero comencé a aprender con mi mamá cómo esconderme de las ramadas.


En la actualidad casi no se ven niños e incluso los vecinos que realizaban su fiesta dejaron de salir desde que sucedió lo de la cuarentena. Es triste para mí ver que casi no se realiza ya la ramada, pero se comprende que las cosas cambian por los diversos acontecimientos que sucedieron en estos años, sin embargo, yo siempre guardaré con cariño estos recuerdos pues me divertí mucho con todos aquellos niños con los que salí a cantar alguna vez.

0 comentarios

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


bottom of page